TIMEO; PLATÓN

•septiembre 2, 2010 • Dejar un comentario

Manuscrito medieval del Timeo

«El Timeo es la exposición escrita más acabada de la doctrina física de Platón».

El ambiente cubierto por la presencia arquetípica de cuatro ancianos sabios así lo atestiguan al no reiterarse su participación en ningún otro diálogo.

Conceptualmente, la física nos remite a la opinión, juicio o relato del mundo fenoménico, en contraposición al mundo de las ideas, eludiéndose por inaplicable aún nuestra moderna y contemporanea noción de ciencia. Pero nó son los extensos balbuceos e intentos de aproximación temprana al lejano método científico lo que Platón nos quiere dar a entender a través del Timeo, sino «la necesaria complementación entre física y metafísica», mundo fenoménico y mundo de las ideas. Es decir, los principios físicos, aquellos que regulan el devenir de lo sensible, solo alcanzan su máximo entendimiento en aquel que a su vez conoce los principios de la metafísica, regidores universales de lo inteligible, y que a diferencia de la física se caracterizan y definen como doctrina no escrita.

Consecuencia y deducción de todo ello es la actuación de idénticos principios en este mundo y en toda realidad del ser:

  1. La Unidad: principio de forma y límite.
  2. La Dualidad indeterminada: principio de multiplicidad e indeterminación.

Toda realidad fenoménica procede por derivación de ambos principios. El modo en que hallan expresión consiste en la introducción del carácter limitante de las ideas sobre lo indeterminado del Receptáculo.

Una primaria influencia de los principios se deja entrever en la multiplicidad de las ideas, mas su plenitud reside en la imposibilidad de la verosimilitud y estabilidad de todo relato referente a lo acontecido en este mundo al que denominamos real. Toda dialéctica es por tanto ilusoria, dejándonos atrapar en un callejón sin salida donde la única respuesta a la complejidad del laberinto será admitir la presencia del Mito como expresión del Logos.

Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος

•marzo 26, 2010 • Dejar un comentario

Heráclito de Éfeso (544-484 aprox.) “Este mundo, el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida.” Fr. 30 Siguiendo la tradición filosófica jónica, heráclitó ve en un elemento determinado, el arché del universo. En esté caso, el elmento es el fuego. Para Heráclito, no solo las cosas individuales salen del fuego y vuelven a él sino que el mundo entero perece en el fuego para luego renacer. He aquí la imagen del “ciclo cósmico” la que ya fuera apuntada por Anaximandro, ésto es, la antigua idea griega del “eterno retorno” (que volverá a aparecer con Platón y los estoicos), así como también la idea de un “juicio” universal. Se observa al respecto, probablemente, ciertra influencia de la astronomía caldeo-babilónica. Pero el aporte más trascendente de Heráclito, no es esta doctrina del fuego sino sus ideas respecto a la contradicción y el Lógos. Todo está pues en constante movimento porque el mundo fuye permanentemente: “No es posible descender dos veces al mismo río, tocar dos veces una substancia mortal en el mismo estado, sino que por el ímpetu y la velocidad de los cambios se dispers ay nuevamente se reúne y viene y desaparece.” Fr. 91 Heráclito no hace otra cosa que tomar como punto de partida un dato que proviene de la experiencia. Pretener que para Heráclito no existe más que el “devenir” y no el “ser”, es algo que no es posible justificar a partir de sus textos. La estructura contradictoria de la realidad Heráclito lleva a un extremo la doctrina jónica de los opuestos: la contradicción y la disconria están en el origen de todas las cosas: “La guerra es el padre y rey de todas las cosas” Fr. 53 Pero la contradicción, genera armonia. El logos de Heráclito: “Aunque el Lógos es común, la mayoria vive como si poseyese su propia inteligencia. Aunque escuchan no entiende. A ellos se les aplica el proverbio: Presentes pero ausentes. El Lógos es eterno, no lo entiende los hombres al escucharlo por primera vez ni después de que lo han oído. Los que velan tiene un cosmos único y común; los que duermen retornan al suyo propio y particular” Fr.2,34,1,89 La contradicción engendra aromonía porque hay una ley única que rige el universo, que todo lo unifica y orienta. En este sentido, la idea de Heráclito es muy audaz: afirmar que el Lógos o razón universal está también en el hombre constituyendo su propia razón. Aparece así una idea que se repetirá muchas veces a lo largo de la historia de la filosofía: el orden real coincide con el de la razón, una misma ley o razón, rige al mundo y a la mente humana.

FUENTE: http://presocraticos.idoneos.com/index.php/298923

Λεωνίδας -Leonidas-

•diciembre 17, 2009 • Dejar un comentario

Ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε
κείμεθα, τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι

Oh, extranjero, informa a Esparta, que aquí
yacemos, todavía obedientes a sus órdenes.

Lápida conmemorativa escrita por el poeta Simónides

Λεωνίδας, ‘‘Hijo de León’’, “Como León”; fue el 17.º rey agíada de Esparta. Encontró la muerte en el 480 a.C., durante la Segunda Guerra Médica, en la defensa de las Termópilas, bloqueando el avance del ejército persa de Jerjes I.

Πλάτων

•noviembre 3, 2009 • 1 comentario

Νεφέλαι. Aristófanes

•febrero 4, 2009 • 2 comentarios

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Las nubes (Νεφέλαι) Estrepsíades, un campesino casado con una mujer de buena familia, está muy preocupado por las deudas que ha contraído a causa de la afición de su hijo, Fidípides, a las carreras de caballos. Estrepsíades sabe que Sócrates, vecino suyo, es capaz de argumentar cualquier cosa, y así Estrepsíades trata de aprender la técnica de Sócrates. Pero es incapaz, así que decide mandar a su hijo a la nueva escuela y cuando Fidípides sale de la ella ha aprendido a ser capaz de rebatir y demostrar cualquier cosa, hasta lo más injustificable. Llega a apalear a su padre, encontrando después argumentos para justificar el hecho. Así que Estrepsíades comprende que la razón está de parte de la vieja educación, y enfurecido, quema la casa de Sócrates, a quien maldice. El coro está formado por mujeres vestidas de nubes. El tema de la educación era bastante discutido en toda Grecia, pero Aristófanes, con su deformación grotesca de la realidad, “hará de las suyas”. Esta vez le toca a Sócrates a quien Aristófanes deforma hasta el punto de convertirlo en un sofista, a él y a toda su escuela (¡precisamente a Sócrates, que tanto combatió el sofismo!). La comedia tiene aspectos increíbles en lo que se refiere a la disputa de argumentos, una auténtica parodia de los argumentos y método de Sócrates, sólo que Aristófanes se empeña – consecuente con su conversión de Sócrates en un sofista – en que siempre gane el argumento injusto. Finalmente, Aristófanes hace vencer el viejo sistema de educación y la fe en los dioses (en la comedia presenta a Sócrates como una ateo). Es muy curiosa esta actitud de Aristófanes para con Sócrates, sobre todo teniendo en cuenta que años más tarde Platón nos presentará al comediógrafo conversando amigablemente con Sócrates en su “Banquete”.

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA (I)

•diciembre 17, 2008 • 1 comentario

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LOS PITAGÓRICOS SEGÚN ARISTÓTELES

•noviembre 14, 2008 • 6 comentarios

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“Nutridos de ella (la matemática), creyeron que su principio fuera el de todas las cosas. Ya que los números por su naturaleza son los primeros que se presentan en ella, les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los fenómenos, mucho más que en el fuego, o en la tierra o en el agua y como también veían en los números las determinaciones y las proporciones de las armonías y como, por otra parte, les parecía que toda la naturaleza estaba por lo demás hecha a imagen de los números, y que los números son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números fuesen los elementos de todos los seres y que el universo entero fuese armonía y número. Y todas las concordancias que podían demostrar en los números y en las armonías con las condiciones y partes del universo y con su ordenación total, las recogieron y coordinaron.”

Aristóteles.

LOS SOLIDOS DE PLATÓN (I)

•octubre 17, 2008 • 1 comentario

  • Los poliedros más famosos son, sin duda, los llamados sólidos platónicos. Se dice que un poliedro convexo es regular si sus caras son polígonos regulares idénticos y si en cada vértice concurre el mismo número de aristas. Sorprendentemente, tan sólo existen cinco: el tetraedro, el cubo, el octaedro, el icosaedro y el dodecaedro.
  • Varios matemáticos y filósofos, impresionados por la belleza y elegancia lógica de la geometria, han pretendido utilizar las ideas geométricas para explicar el Universo en que vivimos. Uno de los primeros fue Platón, el cual estaba tan prendado de los cinco sólidos regulares que los empleó como la base de una teoria de la materia. En su libro Timeo, escrito hacia el 350 a. C., Platón llevó adelante la sugerencia de que los “cuatro” elementos que se pensaba que componian mundo -el agua, el aire, el agua y la tierra- eran todos ellos agregados sólidos diminutos. Pensaba además que, puesto que el mundo solamente podía estar formado a partir de cuerpos perfectos, tales elementos debían tener la forma de los sólidos regulares. Según Platon, el fuego debe ser un tetraedro al ser el más ligero y punzante de los elementos, la tierra ha de consistir en cubos al ser el más estable de todos, el agua debe ser un icosaedro, el sólido regular que tiene más posibilidades de rodar facilmente, por ser el más móvil y fluido y en cuanto al aire, Platón observó que “el aire es al agua lo que el agua es a la tierra”, y concluyó, aunque algo misteriosamente, que el aire debe ser un octaedro. Y finalmente, para no dejar al único sólido regular que queda fuera del cuadro, propuso que el dodecaedro representara la forma del Universo en su totalidad.
  • Por arbitraria y fantastica que pueda parecer la teoría de la materia de Platon a los ojos modernos, la idea de que los sólidos regulares desempenaban un papel fundamental en la estructura del Universo fue tomada en serio en los siglos XVI y XVII cuando Johannes Kepler emprendió su investigación del orden matematico del mundo circundante. En la época de Kepler se conocian seis planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Jupiter y Saturno. Influido por la teoria de Copérnico, de acuerdo con la cual los planetas se mueven alrededor del Sol, Kepler trató de encontrar relaciones numéricas que explicasen por que existian precisamente seis planetas, y por que se hallaban a sus distancias particulares del Sol. Razonó que el número de planetas era seis porque la distancia entre cada par adyacente debía estar relacionada con un determinado sólido regular, que son justamente cinco. Después de algunas pruebas, halló una disposición de sólidos regulares y de esferas tal que cada uno de los seis planetas tenía una órbita sobre una de seis esferas. La esfera externa, sobre la cual se mueve Saturno, contiene un cubo inscrito, y en dicho cubo se inscribe a su vez la esfera de la órbita de Jupiter. En ésta se halla inscrito un tetraedro, y Marte se mueve en la esfera inscrita en esta figura. El dodecaedro inscrito en la esfera de la órbita de Marte tiene a la órbita de la Tierra como su esfera inscrita, en la cual el icosaedro inscrito tiene inscrita a su vez la esfera de la órbita de Venus. Finalmente, el octaedro inscrito en la esfera de la órbita de Venus tiene una esfera inscrita, en la cual descansa la órbita de Mercurio.
  • Aunque Kepler quedó satisfecho con lo que había obtenido este modelo tenía varias incongruencias: En primer lugar, la correspondencia entre las esferas anidadas y las órbitas planetarias no es realmente exacta. Kepler había obtenido datos precisos de las órbitas planetarias y era consciente de las discrepancias, y trató de ajustar su modelo adoptando esferas de distinto espesor, sin dar razón alguna del porqué de esas diferencias de espesor. En Segundo lugar, como sabemos ahora, no hay seis sino al menos nueve planetas. Urano, Neptuno y Plutón fueron descubiertos con posterioridad a la época de Kepler.

FUENTE:www.jpimentel.com

VIDA DE FIDIAS

•agosto 23, 2008 • Dejar un comentario

Se sabe que nació en Atenas poco después de la batalla de Maratón. Se tienen diversos relatos sobre su formación. Hegias de Atenas, Agéladas de Argos, y el pintor de Tasos Polignoto, han sido todos ellos considerados maestros suyos. A favor de Agéladas puede decirse que la influencia de las muchas escuelas dorias puede ciertamente encontrarse en parte de su obra. Aprendió la técnica del bronce en la escuela de Argos con Agéladas, a la vez que Mirón y Polícleto. Al parecer, su actividad artística empieza en 464 a. C.

De su vida se sabe poco más aparte de sus obras. Pausanias, sin embargo, menciona a dos de sus estudiantes, que también fueron sus eromenoi. Uno es Agorácrito quien es también conocido por su escultura de Némesis en Ramnous.[1] Otro amado, incluso más estrechamente relacionado con el escultor, es Pantarkes, un joven elio y ganador del combate de lucha juvenil en las 86.ª Olimpíadas en 436 a. C. Pausanias[2] informa de una tradición según la cual el chico fue el modelo para una de las figuras esculpidas en el trono del Zeus Olímpico. Otra tradición, narrada por Clemente de Alejandría, presenta a Fidias tallando «Kalos Pantarkes» («Pantarkes es guapo») en el dedo corazón del dios. Su primera gran obra fue una colosal Atenea Lemnia, para la Acrópolis de Atenas, en 460 a. C. Luego, Pericles lo escoge para que cree unas estatuas para el Partenón, pero también para que supervise el conjunto de trabajos escultóricos. Lleva a cabo personalmente la estatua criselefantina, es decir, hecha de oro y marfil, de Atenea Partenos, consagrada en 438 a. C., y hace las maquetas para los dos frontones, las 92 metopas y el friso. Supervisa con detalle la ejecución que lleva a cabo su taller antes de marcharse en 437 a. C. a Elis y Olimpia, donde realiza su estatua crisoelefantina de Zeus olímpico, una de las Siete maravillas del mundo y de la que solo queda la descripción de Pausanias y pequeñas reproducciones. Casi todas las esculturas que se conservan están en el Museo Británico de Londres.

A su regreso a Atenas en 433 a. C., se le utiliza en una maniobra para desacreditar a su protector Pericles. Se le acusa en primer lugar de haber robado parte del oro de la Atenea Partenos. Tras ser exculpado tras pesar las partes de oro, se le vuelve a acusar, esta vez de blasfemia y en esta ocasión sale mal parado, ya que se había representado a sí mismo, junto a Pericles, en mitad de la amazonomaquia, en el escudo de la diosa. Condenado a la cárcel, se exilia luego (430 a. C.) a Olimpia, donde hallará la muerte.

Sobre su muerte hay dos relatos discrepantes. Según Plutarco fue atacado por los enemigos políticos de Pericles, y murió en una prisión de Atenas, pero según Filocoro, tal como lo cita el escoliasta en Aristófanes, huyó a Elis, donde hizo la gran estatua de Zeus para los eleos, pero fue después asesinado por ellos. Por varias razones la primera de estas historias es preferible: no habría sido posible para él haber muerto en prisión inmediatamente después de la creación de la Atenea Partenos en la Acrópolis, pues hizo el Zeus de Olimpia después de su trabajo en el Partenón.

LA ANÁBASIS. JENOFONTE

•julio 27, 2008 • Dejar un comentario

Expedición de los Diez Mil (también La retirada de los Diez Mil y La marcha de los Diez Mil) (en griego clásico Ἀνάβασις significa “expedición hacia el interior”) es un relato del historiador griego Jenofonte, discípulo de Sócrates, quien participó en el hecho real.

En ella se narran la expedición militar de Ciro el Joven contra su hermano el rey de Persia Artajerjes II y el retorno a la patria de los mercenarios griegos que estaban a su servicio tras la derrota y muerte del mismo Ciro.

En 401 a. C., tres años después de subir al trono el persa Artajerjes II, su hermano menor Ciro se rebeló en su satrapía de Asia Menor. Para destronar a su hermano, reclutó un ejército en el que incluyó a diez mil mercenarios griegos, que partió de Sardes, marchó a través de Asia Menor y descendió costeando el río Éufrates hasta Cunaxa, cerca de Babilonia. Ciro murió en la batalla de Cunaxa, lo que produjo la desbandada de su ejército. Los mercenarios griegos, sin embargo, se mantuvieron invictos y unidos bajo el mando del comandante espartano Clearco. En las negociaciones que siguieron con el enemigo, Clearco y los principales comandantes griegos fueron decapitados a traición, por lo que los mercenarios hubieron de elegir otros. Entre éstos estaba el propio Jenofonte de Atenas, que guió el retorno del resto del ejército a Grecia. Remontaron el río Tigris y atravesaron Armenia por una ruta de casi cuatro mil kilómetros de territorio enemigo, hasta llegar a la colonia griega de Trapezunte (actual Trabzon, Turquía), en la orilla sur del Mar Negro. Son famosas las palabras que pronunció un soldado adelantado a la vista de éste: θάλαττα, θάλαττα (“Thalassa, Thalassa” – “El mar, el mar”).

La narración, escrita en tercera persona, posee gran interés histórico, pero además tiene un estilo ameno, no exento de gran emotividad en algunos pasajes. Por la sencillez de su estilo, a menudo es usada en la educación secundaria como texto de iniciación a la traducción del griego clásico.

 
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