Νεφέλαι. Aristófanes

•Febrero 4, 2009 • 1 comentario

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Las nubes (Νεφέλαι) Estrepsíades, un campesino casado con una mujer de buena familia, está muy preocupado por las deudas que ha contraído a causa de la afición de su hijo, Fidípides, a las carreras de caballos. Estrepsíades sabe que Sócrates, vecino suyo, es capaz de argumentar cualquier cosa, y así Estrepsíades trata de aprender la técnica de Sócrates. Pero es incapaz, así que decide mandar a su hijo a la nueva escuela y cuando Fidípides sale de la ella ha aprendido a ser capaz de rebatir y demostrar cualquier cosa, hasta lo más injustificable. Llega a apalear a su padre, encontrando después argumentos para justificar el hecho. Así que Estrepsíades comprende que la razón está de parte de la vieja educación, y enfurecido, quema la casa de Sócrates, a quien maldice. El coro está formado por mujeres vestidas de nubes. El tema de la educación era bastante discutido en toda Grecia, pero Aristófanes, con su deformación grotesca de la realidad, “hará de las suyas”. Esta vez le toca a Sócrates a quien Aristófanes deforma hasta el punto de convertirlo en un sofista, a él y a toda su escuela (¡precisamente a Sócrates, que tanto combatió el sofismo!). La comedia tiene aspectos increíbles en lo que se refiere a la disputa de argumentos, una auténtica parodia de los argumentos y método de Sócrates, sólo que Aristófanes se empeña – consecuente con su conversión de Sócrates en un sofista – en que siempre gane el argumento injusto. Finalmente, Aristófanes hace vencer el viejo sistema de educación y la fe en los dioses (en la comedia presenta a Sócrates como una ateo). Es muy curiosa esta actitud de Aristófanes para con Sócrates, sobre todo teniendo en cuenta que años más tarde Platón nos presentará al comediógrafo conversando amigablemente con Sócrates en su “Banquete”.

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA (I)

•Diciembre 17, 2008 • 1 comentario

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LOS PITAGÓRICOS SEGÚN ARISTÓTELES

•Noviembre 14, 2008 • 6 comentarios

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“Nutridos de ella (la matemática), creyeron que su principio fuera el de todas las cosas. Ya que los números por su naturaleza son los primeros que se presentan en ella, les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los fenómenos, mucho más que en el fuego, o en la tierra o en el agua y como también veían en los números las determinaciones y las proporciones de las armonías y como, por otra parte, les parecía que toda la naturaleza estaba por lo demás hecha a imagen de los números, y que los números son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números fuesen los elementos de todos los seres y que el universo entero fuese armonía y número. Y todas las concordancias que podían demostrar en los números y en las armonías con las condiciones y partes del universo y con su ordenación total, las recogieron y coordinaron.”

Aristóteles.

LOS SOLIDOS DE PLATÓN (I)

•Octubre 17, 2008 • Deja un comentario

  • Los poliedros más famosos son, sin duda, los llamados sólidos platónicos. Se dice que un poliedro convexo es regular si sus caras son polígonos regulares idénticos y si en cada vértice concurre el mismo número de aristas. Sorprendentemente, tan sólo existen cinco: el tetraedro, el cubo, el octaedro, el icosaedro y el dodecaedro.
  • Varios matemáticos y filósofos, impresionados por la belleza y elegancia lógica de la geometria, han pretendido utilizar las ideas geométricas para explicar el Universo en que vivimos. Uno de los primeros fue Platón, el cual estaba tan prendado de los cinco sólidos regulares que los empleó como la base de una teoria de la materia. En su libro Timeo, escrito hacia el 350 a. C., Platón llevó adelante la sugerencia de que los “cuatro” elementos que se pensaba que componian mundo -el agua, el aire, el agua y la tierra- eran todos ellos agregados sólidos diminutos. Pensaba además que, puesto que el mundo solamente podía estar formado a partir de cuerpos perfectos, tales elementos debían tener la forma de los sólidos regulares. Según Platon, el fuego debe ser un tetraedro al ser el más ligero y punzante de los elementos, la tierra ha de consistir en cubos al ser el más estable de todos, el agua debe ser un icosaedro, el sólido regular que tiene más posibilidades de rodar facilmente, por ser el más móvil y fluido y en cuanto al aire, Platón observó que “el aire es al agua lo que el agua es a la tierra”, y concluyó, aunque algo misteriosamente, que el aire debe ser un octaedro. Y finalmente, para no dejar al único sólido regular que queda fuera del cuadro, propuso que el dodecaedro representara la forma del Universo en su totalidad.
  • Por arbitraria y fantastica que pueda parecer la teoría de la materia de Platon a los ojos modernos, la idea de que los sólidos regulares desempenaban un papel fundamental en la estructura del Universo fue tomada en serio en los siglos XVI y XVII cuando Johannes Kepler emprendió su investigación del orden matematico del mundo circundante. En la época de Kepler se conocian seis planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Jupiter y Saturno. Influido por la teoria de Copérnico, de acuerdo con la cual los planetas se mueven alrededor del Sol, Kepler trató de encontrar relaciones numéricas que explicasen por que existian precisamente seis planetas, y por que se hallaban a sus distancias particulares del Sol. Razonó que el número de planetas era seis porque la distancia entre cada par adyacente debía estar relacionada con un determinado sólido regular, que son justamente cinco. Después de algunas pruebas, halló una disposición de sólidos regulares y de esferas tal que cada uno de los seis planetas tenía una órbita sobre una de seis esferas. La esfera externa, sobre la cual se mueve Saturno, contiene un cubo inscrito, y en dicho cubo se inscribe a su vez la esfera de la órbita de Jupiter. En ésta se halla inscrito un tetraedro, y Marte se mueve en la esfera inscrita en esta figura. El dodecaedro inscrito en la esfera de la órbita de Marte tiene a la órbita de la Tierra como su esfera inscrita, en la cual el icosaedro inscrito tiene inscrita a su vez la esfera de la órbita de Venus. Finalmente, el octaedro inscrito en la esfera de la órbita de Venus tiene una esfera inscrita, en la cual descansa la órbita de Mercurio.
  • Aunque Kepler quedó satisfecho con lo que había obtenido este modelo tenía varias incongruencias: En primer lugar, la correspondencia entre las esferas anidadas y las órbitas planetarias no es realmente exacta. Kepler había obtenido datos precisos de las órbitas planetarias y era consciente de las discrepancias, y trató de ajustar su modelo adoptando esferas de distinto espesor, sin dar razón alguna del porqué de esas diferencias de espesor. En Segundo lugar, como sabemos ahora, no hay seis sino al menos nueve planetas. Urano, Neptuno y Plutón fueron descubiertos con posterioridad a la época de Kepler.

FUENTE:www.jpimentel.com

VIDA DE FIDIAS

•Agosto 23, 2008 • Deja un comentario

Se sabe que nació en Atenas poco después de la batalla de Maratón. Se tienen diversos relatos sobre su formación. Hegias de Atenas, Agéladas de Argos, y el pintor de Tasos Polignoto, han sido todos ellos considerados maestros suyos. A favor de Agéladas puede decirse que la influencia de las muchas escuelas dorias puede ciertamente encontrarse en parte de su obra. Aprendió la técnica del bronce en la escuela de Argos con Agéladas, a la vez que Mirón y Polícleto. Al parecer, su actividad artística empieza en 464 a. C.

De su vida se sabe poco más aparte de sus obras. Pausanias, sin embargo, menciona a dos de sus estudiantes, que también fueron sus eromenoi. Uno es Agorácrito quien es también conocido por su escultura de Némesis en Ramnous.[1] Otro amado, incluso más estrechamente relacionado con el escultor, es Pantarkes, un joven elio y ganador del combate de lucha juvenil en las 86.ª Olimpíadas en 436 a. C. Pausanias[2] informa de una tradición según la cual el chico fue el modelo para una de las figuras esculpidas en el trono del Zeus Olímpico. Otra tradición, narrada por Clemente de Alejandría, presenta a Fidias tallando «Kalos Pantarkes» («Pantarkes es guapo») en el dedo corazón del dios. Su primera gran obra fue una colosal Atenea Lemnia, para la Acrópolis de Atenas, en 460 a. C. Luego, Pericles lo escoge para que cree unas estatuas para el Partenón, pero también para que supervise el conjunto de trabajos escultóricos. Lleva a cabo personalmente la estatua criselefantina, es decir, hecha de oro y marfil, de Atenea Partenos, consagrada en 438 a. C., y hace las maquetas para los dos frontones, las 92 metopas y el friso. Supervisa con detalle la ejecución que lleva a cabo su taller antes de marcharse en 437 a. C. a Elis y Olimpia, donde realiza su estatua crisoelefantina de Zeus olímpico, una de las Siete maravillas del mundo y de la que solo queda la descripción de Pausanias y pequeñas reproducciones. Casi todas las esculturas que se conservan están en el Museo Británico de Londres.

A su regreso a Atenas en 433 a. C., se le utiliza en una maniobra para desacreditar a su protector Pericles. Se le acusa en primer lugar de haber robado parte del oro de la Atenea Partenos. Tras ser exculpado tras pesar las partes de oro, se le vuelve a acusar, esta vez de blasfemia y en esta ocasión sale mal parado, ya que se había representado a sí mismo, junto a Pericles, en mitad de la amazonomaquia, en el escudo de la diosa. Condenado a la cárcel, se exilia luego (430 a. C.) a Olimpia, donde hallará la muerte.

Sobre su muerte hay dos relatos discrepantes. Según Plutarco fue atacado por los enemigos políticos de Pericles, y murió en una prisión de Atenas, pero según Filocoro, tal como lo cita el escoliasta en Aristófanes, huyó a Elis, donde hizo la gran estatua de Zeus para los eleos, pero fue después asesinado por ellos. Por varias razones la primera de estas historias es preferible: no habría sido posible para él haber muerto en prisión inmediatamente después de la creación de la Atenea Partenos en la Acrópolis, pues hizo el Zeus de Olimpia después de su trabajo en el Partenón.

LA ANÁBASIS. JENOFONTE

•Julio 27, 2008 • Deja un comentario

Expedición de los Diez Mil (también La retirada de los Diez Mil y La marcha de los Diez Mil) (en griego clásico Ἀνάβασις significa “expedición hacia el interior”) es un relato del historiador griego Jenofonte, discípulo de Sócrates, quien participó en el hecho real.

En ella se narran la expedición militar de Ciro el Joven contra su hermano el rey de Persia Artajerjes II y el retorno a la patria de los mercenarios griegos que estaban a su servicio tras la derrota y muerte del mismo Ciro.

En 401 a. C., tres años después de subir al trono el persa Artajerjes II, su hermano menor Ciro se rebeló en su satrapía de Asia Menor. Para destronar a su hermano, reclutó un ejército en el que incluyó a diez mil mercenarios griegos, que partió de Sardes, marchó a través de Asia Menor y descendió costeando el río Éufrates hasta Cunaxa, cerca de Babilonia. Ciro murió en la batalla de Cunaxa, lo que produjo la desbandada de su ejército. Los mercenarios griegos, sin embargo, se mantuvieron invictos y unidos bajo el mando del comandante espartano Clearco. En las negociaciones que siguieron con el enemigo, Clearco y los principales comandantes griegos fueron decapitados a traición, por lo que los mercenarios hubieron de elegir otros. Entre éstos estaba el propio Jenofonte de Atenas, que guió el retorno del resto del ejército a Grecia. Remontaron el río Tigris y atravesaron Armenia por una ruta de casi cuatro mil kilómetros de territorio enemigo, hasta llegar a la colonia griega de Trapezunte (actual Trabzon, Turquía), en la orilla sur del Mar Negro. Son famosas las palabras que pronunció un soldado adelantado a la vista de éste: θάλαττα, θάλαττα (”Thalassa, Thalassa” – “El mar, el mar”).

La narración, escrita en tercera persona, posee gran interés histórico, pero además tiene un estilo ameno, no exento de gran emotividad en algunos pasajes. Por la sencillez de su estilo, a menudo es usada en la educación secundaria como texto de iniciación a la traducción del griego clásico.

LA ANÁBASIS. JENOFONTE

•Julio 27, 2008 • Deja un comentario

LIBRO I

Muere el rey de Persia, Darío II y le sucede su hijo Artajerjes II. El hermano de éste, Ciro, comienza a reclutar un ejército de diez mil mercenarios griegos para ocupar el trono de Artajerjes (1.1-1.11). Comienza la marcha (anábasis) de la expedición a través del territorio persa, en la que viaja Jenofonte. Avanzan desde Sardes (Lidia) pasando por Frigia, Licaonia, Capadocia y Cilicia hasta Tarso (2). Allí los mercenarios se niegan a continuar porque afirman haber sido engañados sobre el destino real de la expedición (3). Finalmente siguen avanzando por Siria hasta Tápsaco, donde Ciro comunica a los griegos el verdadero objetivo de la misión y, para convencer a los griegos, les aumenta el sueldo (4). Mientras recorren Arabia, surge un altercado entre los generales griegos (5) y un noble persa, Orontas, es ejecutado por traición (6).Discurso de Ciro a los griegos y enumeración de las fuerzas de cada bando(7).
Batalla de Cunaxa, en la que vence el ejército griego, pero Ciro es asesinado y su ejército derrotado (8). Elogio postrero de Ciro (9). Las fuerzas de Artajerjes invaden el campamento de Ciro y lo saquean (10).

LIBRO II

El antiguo lugarteniente de Ciro, Arieo, informa a los griegos de la muerte del rey y les pide que vuelvan con él a Jonia, mientras que el Rey (Artajerjes) les exige que se rindan y entreguen sus armas. Clearco, que toma el mando del ejército griego, se niega (1). Se produce una alianza entre los mercenarios y Arieo, comienza el viaje de vuelta a casa, por un camino distinto (2). En una entrevista entre Tisafernes (enviado del Rey) y Clearco se acuerda la tregua (3). Griegos y persas reanudan la marcha por separado, debido a la fuerte desconfianza entre unos y otros, que provoca varios incidentes (4). Traición persa: Tisafernes apresa a los generales griegos Clearco, Próxeno, Menón, Agias y Sócrates, con la intención de llevarlos a Babilonia para que sean juzgados (5). Los griegos se niegan a rendirse y los generales son ejecutados (6).

LIBRO III

Jenofonte toma el mando de la situación, organiza las tropas, sustituye a los generales asesinados y lleva al ejército fuera del territorio del Rey (1). Asamblea militar: discursos de Quirísofo, Cleanor y Jenofonte (2). Mitrádates, antiguo aliado del Rey, ataca las fuerzas helenas durante la marcha, impidiendo su avance. Los griegos deciden crear una fuerza de caballería para defenderse de las fuerzas de Mitrádates, que atacan a caballo con arcos y hondas (3). Nuevo ataque, que es rechazado, y continúan siguiendo el curso del Tigris perseguidos por Tisafermes (4). Los persas queman los poblados por los que han de pasar los griegos para dificultar el aprovisionamiento. Los generales griegos deciden tomar el camino hacia el mar Negro (5).

LIBRO IV

La expedición llega al país de los carducos, con quienes tienen que enfrentarse sufriendo muchas bajas (1) antes de llegar a la frontera de Armenia (2). Cruzan el río Centrites gracias a una genial estrategia de Jenofonte, y una vez en aquel país, se enfrentan con Orontas y Tiribazo, sátrapas de Armenia Oriental y Occidental respectivamente (3). El invierno se recrudece, creando muchos problemas a los soldados (4). Después de muchas penalidades, los griegos llegan a un pueblo donde reciben un recibimiento hospitalario (5). Enfrentamientos con los fasianos, cálibes y taocos, conquista de la montaña (6). Alegría al divisar el Mar Negro (7). Antes de llegar a la colonia griega de Trapezunte en el Mar Negro, Jenofonte y sus guerreros cruzan el territorio de los macrones, con quienes firman un pacto, y de los colcos, que son derrotados (8).

LIBRO V

Una vez en Trapezunte, los griegos envían a Quirísofo a Bizancio con el objeto de pedir al almirante Anaxibio que les envíe barcos para poder regresar a Grecia por mar. Mientras tanto Jenofonte organiza una serie de expediciones de pillaje con la ayuda de los trapezuntios, que les prestan navíos (1). Incursión en el territorio de los drilas (2). Cansados de esperar la vuelta de Quirísofo, los griegos parten hacia la colonia de Cerasunte, unos a pie y otros andando. Allí recuerda Jenofonte su finca en Escilunte (Olimpia) (3). Parten de Cerasunte a través de la tierra de los mosinecos, que se hallan envueltos en una guerra civil. Los griegos apoyan a una facción contra la otra (4). Luego cruzan los territorios de cálibes y tibarenos hasta llegar a la colonia griega de Cotiora, cuyos habitantes se resisten a permitirles la entrada (5). Hecatónimo, embajador de Sínope, aconseja a los griegos que continúen todos el viaje de regreso juntos por mar. Éstos le hacen caso y rechazan la propuesta de Jenofonte de crear una colonia. Los habitantes de Heraclea envían barcos, pero no el dinero prometido (6). Disputas entre los generales y Jenofonte, se convoca un consejo militar y se hace una purga (7). Jenofonte, acusado de maltratar a los soldados, se defiende exitosamente y es absuelto.

LIBRO VI

Los paflagones invitan a los griegos a un banquete. Fracaso de la embajada de Quirísofo, que es nombrado jefe único ya que Jenofonte rechaza el cargo debido a unos malos augurios (1). Llegan a Heraclea y el grupo se escinde en tres partes, por un lado arcadios y aqueos, por el otro Quirísofo con sus hombres y por el otro Jenofonte con los suyos se dirige a Bitinia por tierra (2). En Calpe, a medio camino entre Heraclea y Bizancio, vuelven a reagruparse las tres fuerzas (3). Quirísofo muere de una enfermedad y es sustituído por Neón. Lucha con Farnabazo, sátrapa de Bitinia, en una incursión en busca de víveres (4). Cuando los augurios son favorables, los griegos obtienen una victoria total sobre los bitinios y reanudan el viaje (5). Llegada de Cleandro, gobernador de Bizancio al campamento de los Diez Mil. Jenofonte envía una embajada para ofrecerle a Cleandro el mando del ejército a cambio de la liberación de los soldados detenidos, éste la rechaza una vez más debido a los augurios. Cleandro vuelve a Bizancio y los griegos parten para Crisópolis, cerca de La Puerta (6).

LIBRO VII

Farnabazo pide a Anaxibio que saque a los Diez Mil de Asia. Los griegos son invitados a entrar en Bizancio y luego expulsados, por lo que vuelven a entrar por la fuerza. El ejército continúa hacia Tracia sin Jenofonte, que es sustituído por Cerátadas (1). Aristarco releva a Cleandro como gobernador de La Puerta, Jenofonte es convencido por el príncipe de Tracia, Seutes, para que le alquile los servicios de su ejército (2). Con el apoyo de los mercenarios, Seutes avanza sobre las ciudades tracias (3), invade el país de los tinos (4) y llegan a Salmideso, donde el príncipe se niega a pagar a los griegos (5). Llegan enviados del general espartano Tibrón, que convencen a Seutes para que tome las tropas griegas a su servicio. Los soldados griegos acusan a Jenofonte de enriquecerse a costa de ellos y éste se defiende en un discurso. Seutes se retira (6). Los Diez Mil avanzan invadiendo las aldeas de Medósades, subordinado de Seutes. Jenofonte reprocha su comportamiento al príncipe tebano, que acaba pagando lo prometido (7). El ejército griego cruza el mar de Mármara y llega a Pérgamo. Expedición de conquista contra un noble persa, Asidotes. En Pérgamo, Jenofonte entrega el mando del ejército a Tibrón (8). Han pasado un año y tres meses desde que los Diez Mil partieran de Grecia con Ciro.

JENOFONTE

•Junio 28, 2008 • 2 comentarios

Nace en Atenas en la primera mitad del s. IV a. C, en el seno de una familia acomodada. Su infancia y juventud transcurrieron en el ambiente incierto y turbulento de las Guerras del Peloponeso (431-404) en las que participó formando parte de las fuerzas ecuestres, como le correspondía al ser miembro de la clase de los caballeros. Estamos ante la crisis del modelo de estado democrático de Pericles y la decadencia de los valores morales y filosóficos en los que, hasta entonces, se había fundamentado la sociedad ateniense. Durante el gobierno de los Treinta, Jenofonte partió en una expedición mercenaria a Persia conocida como “los Diez Mil” en apoyo del príncipe persa Ciro, que se enfrentaba con su hermano Artajerjes. El futuro historiador llegaría a hacerse amigo y admirador de Ciro, y a la muerte de éste, la expedición que mandaba Jenofonte quedó abandonada a su suerte, por lo tuvieron que abrirse paso a través de 1.500 km. de territorio hostil hasta conseguir volver a su patria. Este es el argumento de la Anábasis.

De regreso a Grecia conoce a Sócrates, haciéndose discípulo suyo, y tras un breve período al servicio de un príncipe tracio, Jenofonte encontró un nuevo líder en el rey espartano Agesilao, que comandaba las fuerzas griegas contra los persas. En el 394 a. C. tuvo lugar la batalla de Corona, en la que se enfrentaron contra una coalición de la que formaba parte Atenas. La vinculación de Jenofonte primero al ejército persa y luego al espartano, enemigos ancestrales del estado ateniense, provocaron que fuera desterrado de su patria, aunque se desconoce la fecha exacta en la que sucedió esto. En todo caso, la protección de Agesilao le proporcionó un lugar de retiro en territorio eleo, una propiedad rural cerca de Olimpia, en la que pudo dedicarse a la vida contemplativa y comenzó a escribir parte de su prolífica obra.

En el 371 tuvo lugar la batalla de Leuctra, tras la cual los eolios recuperaron los territorios que les habían sido arrebatados por Esparta y Jenofonte tuvo que trasladarse a Corinto, donde residió hasta que le fue conmutada la sentencia de destierro, gracias a una nueva alianza espartano-ateniense contra Tebas. De vuelta a su ciudad natal, completaría el resto de sus escritos.

Como hemos podido comprobar, este autor estuvo treinta años fuera de su patria en diversas campañas militares, lo que le permitió adquirir una gran experiencia en el campo militar, convirtiéndose en un hombre de mundo. La obra de Jenofonte es muy amplia tanto en sentido cuantitativo como en cuanto a la multiplicidad de temas que trata. Se ocupa fundamentalmente de la historia, pero también de la filosofía, la política, la economía e incluso escribió tratados sobre la práctica de la hípica y la caza. Su contacto con Sócrates, coincidiendo con la época en que éste fue juzgado, nos permite acceder a una visión del filósofo distinta de la que nos ofrece Platón, claramente desfigurado por intereses ajenos a la historiografía. Platón se sirve de la figura de Sócrates para apuntalar su propia filosofía, mientras que Jenofonte nos plantea un punto de vista relativamente más sincero. También éste estuvo junto al famoso filósofo en el momento de su muerte, y fruto de aquella relación son varias de sus obras: la Defensa de Sócrates, los Recuerdos de Sócrates y el Banquete, obra homónima a la de Platón y que trata el mismo episodio, la cena en la que Sócrates, rodeado de su círculo de allegados, discute sobre la naturaleza del amor.

La obra de Jenofonte tiene dos grandes virtudes: nos proporciona una amplia cantidad de información sobre aspectos variados de la vida de sus contemporáneos y constituye un excelente conjunto de textos para quien se introduce por primera vez en el estudio de la lengua griega, debido a su sencillez. Como contrapunto, la crítica moderna ha mostrado de manera casi unánime un cierto desprecio hacia el valor histórico y literario de sus escritos. Se le acusa de parcialidad, de omitir numerosos datos importantes y falta de un espíritu realmente científico y riguroso. Ciertamente, aunque no podemos asegurar que llegase a falsear los hechos que relata, es evidente que en su relato de las guerras hay huecos, digresiones y saltos en el tiempo, además de no realizar un auténtico análisis sobre las causas de los acontecimientos, limitándose a describirlos. Su intención era continuar la línea de Tucídides; de hecho la Anábasis pretende ser la continuación de la Historia de la Guerra del Peloponeso. También se han resaltado los conocimientos precisos que tenía Jenofonte sobre estrategia militar, que afectarían positivamente a la descripción de batallas, sin olvidar cierta habilidad para crear un ambiente dramático y la profundización psicológica que lleva a cabo en algunos de los personajes más cercanos a él, como Ciro o Agesilao.

EL CÍRCULO SOCRÁTICO

•Mayo 19, 2008 • 5 comentarios

Se conoce con este nombre a los discípulos de Sócrates (v.). El término s. puede tomarse en sentido lato o estricto. En el primero, comprende a todos los que pertenecieron al círculo socrático, abstracción hecha de su mayor o menor contacto con el maestro, de su mayor o menor fidelidad a su doctrina y de su mayor o menor trascendencia histórica. En este sentido, y de acuerdo con la lista establecida por H. Maier (Sokrates, Sein Werk und seine geschichtliche Stellung, Tubinga 1913, 499) se consideran s. a Platón, Antístenes, Esquines, Aristipo, Euclides, Jenofonte, Critóbulo, Fedón, Critón, Simmias, Querefonte, Carmides, Eutidemo, Menexeno, Teeteto, Apolodoro, Querécrates, Glaucón, Aristodemo, Hermógenes, Teages, Ctesipo, Diodoro, Epigeno, Teodoto, Critias, Sócrates el Joven, Alcibiades e Isócrates.

En un sentido estricto, se consideran s. a aquellos de sus discípulos que fundaron una escuela de filosofía, las que han sido llamadas escuelas socráticas. Dentro de los s., en esta acepción, habría que distinguir, por una parte, Platón (v.), al que se podría denominar el socrático mayor; y, por otra, los restantes discípulos de Sócrates fundadores de escuela, a los que se llama socráticos menores. Vamos a considerar el término s. como equivalente a escuelas socráticas menores; en ellas se comprenden las escuelas de Megara, de Elis, cínica y cirenaica.

1. Escuela de Megara. Se desenvolvió a lo largo del s. iv a. C. Fundada por Euclides de Megara, tuvo como principales representantes a Estilpón de Megara, Diodoro de laso (llamado Diodoro Cronos) y Eubúlides de Mileto. Características de los megáricos son: 1) La influencia eleata en su ontología y epistemología. El ser es uno, eterno, inmutable e indivisble; el movimiento es ininteligible, dada la plena actualidad del ser; al conocimiento del ser llegamos por la razón exclusivamente, ya que los sentidos son mendaces (v. ELEA, ESCUELA DE). 2) El influjo socrático en ética. La preocupación moral de los megáricos se deriva de su contacto con Sócrates. Identificaron el bien socrático con el ser parmenideo (v. PARNIÉNIDES).

Exageraron el sentido ascético de la ética socrática, desarrollando una moral próxima a la de los cínicos. La felicidad se alcanza mediante la supresión de las necesidades y la consecuente indiferencia hacia los bienes externos. Es la sabiduría, fundamentada en la virtud, donde podemos hallar la felicidad. 3) La inclinación a la erística. Las preocupaciones lógicas de los megáricos les llevaron al planteamiento de una serie de problemas formulados en forma de sofismas (el del mentiroso, el del calvo, el de Electra, el del Montón de trigo, etc.) en los que, en un primer momento, únicamente se quiso ver una especie de logomaquia, pero a los que actualmente (Bochenski) se les ha valorado positivamente, viendo en ellos el planteamiento de paradojas semánticas de gran interés para la Lógica.

2. Escuela de Elis. Es la menos importante de las escuelas socráticas. Fundada por Fedón (que dio nombre a un diálogo platónico), abarcó el s. iv y parte del iii a. C. Siendo escolarca Menedemo de Eretria, trasladó éste la sede de la escuela a su ciudad natal, hacia finales del s. iv a. C. Bajo Fedón tuvo un carácter eminentemente ético, exaltando el valor de la virtud. Con Menedemo (n. ca. 339, m. ca. 265) se introduce en la escuela la influencia de los megáricos; defiende la identificación entre el bien socrático y el ser parmenideo, por lo que sostiene que la virtud es una, la sabiduría; mantiene el intelectualismo socrático, según el cual la virtud se identifica con la ciencia, con el saber (Diógenes Laercio, 11,125).

3. Escuela cínica. Es la escuela socrática que más influyó en el pensamiento antiguo. Desde su fundación en el s. iv a. C. se extendió, con diversos altibajos, hasta el s. v d. C. Se distinguen cuatro periodos en la historia de la escuela cínica: 1) Cinismo antiguo, en el s. iv a. C., con Antístenes, Diógenes y Crates. 2) Segundo cinismo, en el que se introduce una clara influencia hedonística, que nace en el s. iiI a. C. con Bión de Borístenes, Menipo de Gadara, Cercido de Megalópolis, y se continúa en el s. t a. C. con Meleagro de Gadara. 3) Tercer cinismo, que renueva el ascetismo del cinismo antiguo, enfrentándose con el hedonismo (v.) del segundo periodo. Surge en el s. i d. C. con Demetrio el Cínico (amigo de Séneca) y Dión Crisóstomo, continuándose en el s. ii con Demónax de Chipre, Enomao de Gadara y Máximo de Éfeso. 4) Cuarto cinismo, con influencias neoplatónicas y cristianas, que aparece en el s. iv d. C. con Máximo de Alejandría y perdura en el s. v con Salustio el Cínico.

Dentro de la escuela cínica los representantes de más interés son los del primer periodo. Y en él es cuestión debatida cuál sea el valor que hay que asignar a sus representantes. La tesis tradicional (Dümmler, loél) sostiene que Antístenes fue el creador y el principal filósofo de la escuela. Pero con Wilamowitz-Moellendorff y Schwartz nace la tesis de que hay que, reconociendo a Antístenes el papel de fundador, atribuir el auge y sistematización del cinismo a Diógenes; tesis que, acentuada por Dudley Donald, llegó a afirmar que Diógenes habría sido el fundador de la escuela y que sólo posteriormente se atribuyó la paternidad del cinismo a Antístenes, para darle el prestigio de ser una escuela de descendencia socrática. Parece la más segura la tesis tradicional.

Antísienes. N. en Atenas, ca. el 436; m. ca. el 365. Discípulo de Gorgias (v. SOFISTAS GRIEGOS) quedó seducido posteriormente por la personalidad y la doctrina de Sócrates, llegando a ser una especie de «maniático» de Sócrates, por lo que se le llamó Sócrates mainómenos, «Sócrates demente». Enseñaba en un lugar denominado Kynosarges (la tumba del perro), por lo que a él y a sus seguidores se les llamó cínicos (del griego kynes, perros). Epistemológicamente, es defensor del nominalismo (v.), atribuyéndosele la frase: «Platón, veo el caballo, pero no la caballeidad»; también defiende el sensismo (v.). Siguiendo el ejemplo de Sócrates, su preocupación primordial es la ética. La eudaimonía (felicidad) se alcanza con la virtud. Ésta consiste en la autarquía, en el dominio de sí mismo. El principal obstáculo a superar son las pasiones, que inclinan al hombre al placer y las riquezas. El placer es insaciable; satisfecho uno, surge el deseo de otro nuevo; por ello hay que suprimir el deseo de placer. Contrapone la fysis al nómos, la naturaleza a la ley, o, lo que es igual, el estado de naturaleza a la civilización. Ésta ha creado en el hombre nuevas necesidades que nos llevan a nuevos deseos de satisfacerlas. Hay que volver al estado natural. De ahí la sobriedad que debe imperar en nuestra vida.

Diógenes. N. en Sínope, a fines del s. v; murió ca. el 324. Llevó a la práctica, hasta un grado pintoresco, las doctrinas cínicas sobre el desprecio de los bienes materiales (Diógenes Laercio, V1,20-81). Hacía, vanagloriándose de ello, una vida casi animal, como contrapuesta a la vida social civilizada.

Crates. De Tebas. Vivió entre los s. v-iv a. C. Discípulo de Diógenes. Se dice que arrojó sus riquezas al mar. No aportó nada nuevo al cinismo.

4. Escuela cirenaica. Fundada por Aristipo y continuada por Hegesias y Teodoro el Ateo, desvirtuó la ética socrática en un crudo hedonismo (v.). Representantes menos importantes son Evémero y Anníceris.

Aristipo. De Cirene (Libia). N. ca. el 435; m. ca. el 360. Defendió el nominalismo y el sensismo, al igual que Antístenes, pero diferenciándose radicalmente de él por su ética. La felicidad para Aristipo consiste en el placer; a mayor placer, mayor felicidad. Y, como el placer más intenso es el sensible, éste es el que hay que perseguir. Dentro del placer sensible sólo interesa el placer presente (parón páthos), sin que tengamos que preocuparnos por el futuro, ya que éste es incierto. La frónesis, la prudencia, es la que guía en la búsqueda del placer, para saber elegir el más adecuado. Mas el hombre no debe ser dominado por el placer, sino dominarle (en lo que hay una cierta atemperación del hedonismo) (Diógenes Laercio, 11,65104). Hegesias. De Egipto. Vivió entre los s. iv-iIi a. C. Veía con. pesimismo la posibilidad de alcanzar la felicidad, ya que ésta es el placer, y en la vida humana la cantidad del mismo es escasa. De ahí el que defendiera que sólo en la muerte se halla la felicidad, por lo que se le llamó el peisithánatos, el que aconseja la muerte.

Teodoro. Llamado el Ateo, vivió en los s. Iv-III a. C. Además del hedonismo, sostuvo la inexistencia de los dioses griegos. Su discípulo Evémero dirá que los dioses son hombres ilustres divinizados (v. MITO 11, 3).

EUDOXO Y LA TEORÍA DE LAS ESFERAS

•Abril 26, 2008 • 2 comentarios

Eudoxo (408-355 a.C.) fue un matemático y astrónomo griego que nació y murió en Cnido, hijo de Esquines y discípulo de Platón. Su familia estaba compuesta por médicos y por su influencia realizó los estudios de medicina, profesión que ejerció durante algunos años en Grecia.

A los 23 años se fue a Atenas e ingresó en la academia de Platón, donde estudió filosofía. Años después conoció los estudios astronómicos que se estaban llevando a cabo en Egipto. Organizó su traslado a la ciudad de Helipopolis patrocinado y recomendado por el rey Ageliseo. Allí tuvo acceso a los estudios de las observaciones y teorías de los sacerdotes de esta ciudad.

De regreso a Grecia fundó una escuela de Filosofía, Matemáticas y Astronomía. Años después escribió su primera obra llamada Fenómenos, donde describió la salida y ocultación de los astros. Fue el primer Astrónomo que estableció que la duración del año era mayor en 6 horas a los 365 días.

En su segundo libro, “Las Velocidades”, explicó el movimiento del Sol, la Luna y los Planetas e introdujo un ingenioso sistema en el que asigna 4 esferas a cada astro para explicar sus movimientos.

En este modelo de sistema solar la Tierra esférica se encontraba en el centro, alrededor de ella rotaban 3 esferas concéntricas, la mas exterior llevaba las estrellas fijas y tenia un periodo de rotación de 24 horas, la de en medio rotaba de este a oeste en un periodo que completaba 223 lunaciones, la esfera interna poseía la luna y rotaba en un periodo de 27 días 5 horas 5 minutos. Cada uno de los 5 planetas requería de 4 esferas que explicaban sus movimientos y el sol y la luna 3 esferas cada uno.

En geometría influyó de manera importante sobre Euclides con su teoría de las proporciones y el método exhaustivo, por lo que está considerado como el padre del cálculo integral. La primera fue la solución mas antigua a los números irracionales, que no pueden ser expresados como cociente de dos números enteros. El método exhaustivo le permitió abordar el problema del cálculo de áreas y volúmenes, como el de la pirámide, cuyo volumen es un tercio del un prisma que tenga la misma base.

Hacia el año 350 a.C. Eudoxo se trasladó a la ciudad de Cnido. Allí se encontró con un régimen democrático recién establecido y recibió el encargo de escribir la nueva constitución.

Eudoxo trazó un mapa del cielo desde un observatorio construido por él mismo a orillas del Nilo. También estudio diversos calendarios y el registro de los cambios estaciónales, estudios meteorológicos y crecientes del Nilo.

Combatió ardientemente los horóscopos diciendo que: “Cuando se creen hacer previsiones acerca de la vida de un ciudadano con sus horóscopos basados en la fecha de su nacimiento no debemos dar crédito alguno, pues las influencias de los astros son tan complicadas de calcular que no existe hombre en la faz de la tierra que lo pueda hacer”.

Eudoxo nunca escribió sus conclusiones geométricas y solo las trasmitió oralmente, estas fueron pasando de generación en generación hasta hoy.