APOLO

Sietemesino e hijo de Zeus y Leto. Alimentado de néctar y ambrosía por Temis. Hefesto le dio el arco y las flechas en Delos. Fue armado al monte Parnaso donde persiguió a la temible serpiente Pitón, la cual huyó al pretérito oráculo de la vieja Madre Tierra en Delfos. Apolo tras ella fue dándole muerte en el recinto del santuario. La Madre Tierra enojada denuncia este hecho a Zeus omnipotente, el cual obliga a Apolo marchar hacia Tempe a buscar purificación.
Además le ordenó presidir los juegos Píticos en honor de la serpiente muerta. Apolo obedeció. Después de estas cosas el dios del arco y la flecha regresó a Grecia, donde ladinamente embauca al viejo dios del bosque, Pan, robandole el secreto de la profecía y el don oracular. Venció en dos certámenes musicales. Uno a Marsias el flautista sátiro amante de la diosa Cibeles. Y el otro a Pan. Las musas fueron el jurado del primer certamen, y el rey Midas lo fue del segundo. Desde entonces, Apolo es el dios de la música reconocido como tal. Siempre tocando su lira de siete cuerdas en los banquetes olímpicos.
Apolo dejó encinta a muchas ninfas y mujeres mortales. Incluso fue sonado su funesto amor por el bello Jacinto, el príncipe espartano, de amargas consecuencias para éste último.
El peor hecho entre Zeus el total, y Apolo su hijo, fue cuando Asclepio el médico, hijo de Apolo, resucitó a un muerto. Robando así un súbdito a Hades. Zeus el castigador, mató al médico y castigó en el Tártaro por la eternidad a Apolo. Pero a ruego plañido de Leto, por su amado hijo, Zeus conmutó la pena al dios de la lira, por tan sólo un año de pena de trabajos forzados en los rediles del rey Admeto de Feres. A partir de entonces, Apolo reconvirtió sus actos y conducta, afiliándose a la mesura.
Frases como”Conócete a ti mismo”, o “Nada en exceso”, eran frecuentes ya por siempre en su boca.
Para unos originario antiguo dios hiperbóreo. Para otros antiguo dios de Nabatea y Palestina










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