LA VESTIMENTA GRIEGA (II)

Traje masculino.- Los campesinos se contentaban con pieles curtidas o con gruesas vestiduras de lana, que acompañaban con un gorro de cuero o de piel áspera: la kyné. Los artesanos y los esclavos preferían la exomis, vestido de trabajo de lana natural sin ningún adorno de color, y como tocado el pilos puntiagudo. La exomis puede ser abierta y sin costura (alrededor de 2′30 m x 1′40 metros); en tal caso, se pasa por debajo del brazo izquierdo uno de los lados anchos y después se suben los dos faldones de tejido sobre el hombro izquierdo, donde se fijan con una fíbula. Desde este punto se bajan, uno encerrando el pecho y el otro la espalda, hacia el lado derecho, donde se entrecruzan los ángulos superiores en el cinturón, mientras que los ángulos inferiores se entreabren en el muslo desnudo. Cuando la exomis va cosida hasta el talle, se coloca como una túnica.
La túnica o quitón puede ser de lino más o menos fino, de lana. Abrochada sobre el hombro izquierdo, sólo forma una sisa y tiene casi el aspecto de una exomis cosida. Cerrada con dos fíbulas, cosida en un lado (es necesario un tejido de 1 m x 1′80 m) y cerrada en el talle con un cinturón debajo del cual se la sube de manera que le cubra las rodillas, la túnica a menudo se adorna con un segundo cinturón colocado sobre el pliegue. Todavía se puede acortar la túnica de lino doblando su parte superior y sujetando el tejido con dos fíbulas o con dos cordones atados en los hombros. La túnica larga es un traje de ceremonia, dado siempre a Zeus, que llevan siempre los jonios y los personajes que ejercen una alta función civil o sacerdotal, que se convirtió seguidamente en la exclusiva de los citaristas, flautistas y conductores de carros en los juegos públicos. Puede doblarse en la parte superior. La túnica con dos costuras lleva mangas largas plisadas sobre el brazo.
La capa o himation (2′90 m x 1′80 m) es un vestido civil que se presta a numerosos arreglos: puede cubrir la espalda y los hombros, echando el último faldón sobre el brazo izquierdo, al que inmoviliza, o por encima del hombro izquierdo encerrando el brazo derecho, del que sólo la mano puede moverse (plegado llamado del orador) y también puede cubrirse la cabeza como si fuera un velo. Es posible asociarlo con la túnica larga y finalmente, se lleva sólo sobre el cuerpo desnudo pero este uso, sin duda, no ha sido tan generalizado como lo hacen suponer las representaciones hacen suponer las representaciones figuradas: hay que tener en cuenta el culto a la forma humana, ley del arte griego. Sea cual sea el arreglo, este es muy estudiado: el himation deja desnudo el brazo y el hombro derechos y descubre el pecho, se ciñe alrededor del talle con un pliegue que forma un ancho cinturón y se sostiene por la presión del brazo izquierdo, alrededor del cual se arrolla.
La clámide es un vestido de lana que se da a los soldados de caballería, a los militares y a los efebos; es de bello efecto sobre el cuerpo desnudo, pero sólo se debe haber llevado así en el estadio. La fíbula que sujeta el vestido se coloca indiferentemente en uno u otro hombro, en la base del cuello o en la espalda. Igualmente se buscan contrastes de color entre la clámide y la túnica y es un atuendo de jefe o de rey que puede recibir una decoración muy brillante. Se cita la clámide de Demetrio de Poliorcetos, hijo de Antígona (295 al 287 a.C.), de púrpura casi negra con los signos del zodiaco y estrellas de oro.
Traje militar.- El ejército riego comprende una infantería pesadamente armada: los hoplitas, que llevan una coraza de escamas metálicas, cosidas o recamadas. Esta coraza se detiene en el cinturón y se prolonga con lambrequines. Las piernas se protegen con los cnémides, de bronce y los pies se calzan con crépides fuertemente claveteadas. La espada de dos filos, provista de una empuñadura de bronce se acompaña con una vaina de madera forrada de cuero y reforzada con armazones de bronce; se cuelga de un tahalí de cuero pasado debajo del cinturón que realza el talle. El casco beocio tiene mejillas fijas, un nasal y una cimera con penacho; el escudo redondo, realzado con placas de bronce, es de un peso considerable.
La infantería ligera está compuesta de pelastos que sacan su nombre de un escudo ligero, pelta, y llevan sobre la túnica una cota de armas hecha de tejidos cruzados, forrados y con fieltro, sostenida en el talle por un cinturón de bronce amartillado. Las cnémides se atan sobre las polainas de lana y unas sandalias con correas protegen los pies.
El soldado de caballería, sobre la corta túnica de lana viste un jubón de cuero prolongado por una doble fila de lambrequines, unas hombreras de cuero cubren el nacimiento de los brazos. Esta coraza se refuerza con una serie de discos de bronce formando una especie de pectoral muy resistente. Unas polainas de cuero reemplazan las cnémides.
El casco dorio se caracteriza por una gran visera que desciende muy baja, el casco ático lleva guarda‑mejillas, articuladas a partir del siglo V a.C., y un nasal, el casco corintio se baja sobre la cara enteramente disimulada, a excepción de los ojos, y el almete se desarrolla considerablemente cuando el casco se adorna con una cimera.
Traje femenino.- Hay que distinguir el traje dorio, hecho con tejidos de lana atados por fuertes fíbulas, y la túnica de lino, de origen jonio, que debió introducirse en Atenas después de la derrota de la guerra contra Egino (568 a.C.). Sin embargo, se sabe que la lana se empleaba en Jonia desde la época homérica y en Mileto se teñía de colores vivos, con dibujos recamados (de los cuales el vaso François, en el Louvre, nos da una buena muestra). Esquilo menciona también las escenas de caza que adornaban la capa de Orestes.
El peplo caracteriza la indumentaria dórica. Abierto, es un rectángulo de lana abrochado en los dos hombros y que, sin pliegue ni cinturón, deja ver en parte el cuerpo de la que se viste con él y es el vestido, muy antiguo, de las muchachas espartanas. Una variante de este traje consiste en doblar la parte superior y el borde doble se pasa entonces por debajo del brazo izquierdo y se abrocha sobre el hombro del mismo lado, de modo que forme una sisa que se prolonga más allá del codo y a continuación, el mismo borde se ata sobre el hombro derecho, dejando más juego en el pecho para pasar la cabeza. La disposición es asimétrica, ya que sobre el lado derecho la abertura del vestido acusa los ángulos, con espirales que subraya una banda de color. El aspecto del peplo se modifica también cuando el pliegue sobrepasa el talle y cubre, al menos, la mitad de la altura total. El ancho del pliegue (apoptygma) a veces se utiliza para cubrirse la cabeza. Podía hacerse estrechar los dos espesores del peplo abierto con un largo pliegue, con un cinturón: se obtenía, entonces, un vestido de gran sobriedad de líneas, con mucha nobleza y majestad. El peplo recubrió la túnica jónica antes de que los atenienses resolvieran llevarla sola, bajo el himation.
Reuniendo con una costura los dos bordes flotantes del peplo, se obtiene el peplo cerrado y un término medio consiste en coserlo sólo hasta el talle: entonces es el peplo semicerrado. Una perfecta simetría caracteriza el peplo cerrado y puede subirse por encima del cinturón para formar un rodete de pliegues ahuecados: el colpos. También es posible cubrirse la cabeza con el pliegue del peplo cerrado. Todos los peplos pueden asociarse al manto, generalmente dispuesto sobre los hombros y los brazos, a la manera de un chal.
La túnica de lino se compone de un rectángulo cuyos bordes laterales se reúnen por una costura. Entre los dos bordes superiores se deja una abertura bastante ancha para pasar la cabeza; después se unen por una doble serie de pequeñas fíbulas regularmente espaciadas. El talle se señala con un cinturón que puede decorarse con flecos, borlas o campanillas La tela se corta con un método muy antiguo, todavía empleado en nuestros días en ciertas regiones: con la uña se marcan pliegues paralelos; después se moja el tejido, retorcido en los extremos, y se mantiene así durante algunas horas.
Michele Beaulieu.- El vestido antiguo y medieval.-
Ed. Oikos-Tau ¿Qué sé? Nº 32. Barcelona 1971. Págs. 43-56










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