DIOTIMA EN EL BANQUETE

En una primera aproximación nos salta a la vista una afirmación que la sacerdotisa le expresa a Sócrates: “El amor es procreación en lo bello”.
Observamos que hay cierta incongruencia entre las alternativas que rodean el encuentro de Poros- Penías y la frase expresada por la sacerdotisa de Mantinea.
En efecto-si tal como dice el mito-, Poros, encontrándose ebrio de néctar, se echó a dormir en el jardín y Penías- que andaba mendigando- se acostó a su lado para engendrar un hijo, no nos parece precisamente este episodio algo bello, o al menos, no nos parece solamente bello. Consideramos que el relato es profundo y rico justamente porque contiene la mezcla de contingencias azarosas, confusas, buenas, malas, feas y bellas que caracterizan a la vida.
Intentaremos profundizar aún más en el pensamiento que anima la ponencia socrática, sobre todo aquello referido a la procreación en lo bello.
Para esto vamos a citar un texto de Gregory Vlastos según el cual la teoría de Platón “…no contempla el amor a personas completas sino sólo el que se dirige a una versión abstracta de las personas consistente en un complejo de sus mejores cualidades. Esta es la razón de que el efecto personal ocupe un lugar tan bajo en la escala amoris de Platón”.
Por su parte, Marta Nussbaum hace hincapié en que el secreto para que el iniciado logre su meta reside en la fe en la conmensurabilidad del deseo. Según esta autora para Sócrates no hay akrasia posible ya que cualquier persona conocedora de que A vale más que B no puede dejar de elegir por A. Es esta misma fe la que habilita al aspirante a optar sólo por lo bello de las personas al tiempo que se aleja cada vez más de los afectos particulares. Este comentario coincide con lo señalado por Graciela Marcos : “Esto es, si se conoce qué es lo pío no se puede menos que actuar de acuerdo con ese conocimiento. Es una tesis muy fuerte”.
Este rasgo del pensamiento socrático se contrapone con el supuesto que habíamos establecido previamente según el cual el deseo es tanto deseo de algo bueno como de algo malo.
Al respecto, sería interesante citar lo que nos expresa Fedor Dostoievski en Memorias del Subsuelo: “ Sospecho damas y caballeros que me están mirando con compasión preguntándose cómo no logro entender que un hombre esclarecido y culto (…) no puede tener deseos deliberados de perjudicarse (…) Y lo hará para dejar sentado su derecho a desear las cosas más idiotas, y para no verse obligado a tener sólo deseos sensatos (…) Porque, suceda lo que sucediera, nos deja nuestra posesión más importante, más preciada: nuestra individualidad “.










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